
Dentro del mundo empresarial encontramos agentes de caos que pueden marcar la diferencia en la efectividad de las empresas, estos son la prisa y el desorden, a cualquier nivel y en cualquier lugar, aquellos que nos dedicamos a la consultoría y asesoría empresarial, encontramos estos elementos como una constante en muchas entidades, hay una desorganización en sus procesos, lo cual altera el cumplimiento oportuno de sus obligaciones tanto fiscales, legales, laborales o incluso sociales, pudiéndoles generar costos adicionales o incluso sanciones, impacta en la mejora y la innovación de los servicios o productos, ya que los distrae resolviendo cosas emergentes, disminuye la satisfacción del cliente y pone a todos los miembros de la organización a correr, incrementando los niveles de saturación y, por tanto, de estrés.
El desarrollo de la tecnología ha favorecido el flujo de información, los procesos y las formas en que están siendo monitoreados los empresarios, eso requiere que volteemos a replantear el uso del tiempo como una herramienta de gestión de recursos útil.
Algunos profesionales hablan de la “administración de tiempo” sin embargo, el tiempo no cambia ni se administra, en realidad lo que se administra son las actividades que se ejecutan, la prioridad que se les dan a ciertas acciones y la secuencia de las mismas, si partimos de una mirada sistémica podemos entender a todos los departamentos de una empresa como parte de un mismo organismo por ende la cohesión (unión), pero sobre todo la sinergia (ritmo) son el aceite que permite la conexión y el movimiento efectivo de todas las áreas de la empresa.
Entonces aquí surge la pregunta, ¿cómo podemos administrar mejor el tiempo para estar más cohesionados y en el ritmo (sinergia) correcto? Para gestionar adecuadamente este valioso recurso, las empresas deben considerar lo siguiente; establecer objetivos claros y medibles con una medida de tiempo que los evalué constantemente, hacer uso de herramientas es decir utilizar las aplicaciones, agendas, calendarios y cronogramas de orden ya sean digitales o físicos, recordemos que en este mundo con tantos estímulos tenemos menos concentración y por ende menos retención de las cosas, así que anotarlas es un hábito sano, clasificar las actividades en importantes, urgentes, no importantes y no necesarias nos ayudará a enfocar nuestra energía en lo sustancial y a delegar otras tareas, colateralmente el uso de check list de cierre diario visibiliza en que nos ocupamos, cabe señalar que la supervisión de este no debe ser punitiva, sino algo de uso cotidiano que normalicemos como parte del trabajo.
Estas medidas dentro de nuestro actuar diario van a mejorar mucho la eficiencia de los colaboradores y, como resultado, mejorará la productividad. Una empresa que trabaja con eso dentro de su cultura organizacional no solo tendrá mejores resultados, sino que mejorará en mucho su imagen pública.